domingo, diciembre 17, 2006

El rayo de luz

Saludos,

hoy me dieron ganas de escribir un cuento, además que se lo debo a mi herma, así que herma, aquí lo tienes :)

El rayo de luz (por Alejandro Vargas S.)

Ufff, que frío se siente en este lugar - pensaba Mario, mientras movía los carbones de la estufa que adornaba su cocina.
Sólo tengo que ir a un lugar cálido, al menos una vez...será algún día - seguía meditando pacientemente el joven de 28 años.

No tardó mucho, a la mañana siguiente agarró los pocos ahorros que tenía, una maleta con varias de sus pertenencias, cerró su casa y se fue rumbo a la costa.
Caminó fuera de su pueblo gélido. Se despedía pacientemente de los ancianos que lo habían visto crecer y habían tolerado sus travesuras, junto con los otros, otrora, niños del pueblo.
Doña Jacinta lloraba y suplicaba que no se fuera.
¡Qué pensaría tu madre! - gritaba cómo si la estuvieran aporreando.
Qué es lo justo para mí, que no tengo que soportar el frío y debo de conocer fuera de este pueblo frío y apagado, doña Jacinta. - contestó firme, pero educadamente.

Se alejó de dónde había conversado con Doña Jacinta, y ella no podía articular palabra alguna al sentir que era cierto lo que Mario decía de su tan amado pueblo.
Al ir caminando, las muchachas que estaban en el kiosco se enjugaban las lágrimas al ver partir al muchacho que alguna vez les robó un suspiro, un beso o una caricia.
¡No me voy para siempre! - gritaba emocionado.
¡Los que se van ya no regresan y tu lo viviste con tu padre! - le gritó la mayor de las muchachas.

La tierra árida, anunciaba que era un invierno frío y seco. Las pocas charcas estaban turbias y heladas. Los niños se llenaban de lombrices con esa agua. Un burro comía las matas del habitante más alejado del pueblo.
Si te vas, no regresas. Es un hecho comprobado. Nadie quiere este pueblo - le dijo pacientemente el señor, que tenía un ojo nublado por una catarata.
Yo regresaré - afirmaba Mario.

Al irse internando en las montañas se acordaba de su infancia. Aquella ocasión en la que él y sus primos se fueron al monte y se perdieron por un día entero. Pero ellos no tuvieron miedo, estaban juntos y no había de que temer. Cuando los encontraron, los encontraron riendo y chapoteando en un pequeño río que se formaba cuando el cerro se mojaba.

Al cabo de un día salío del pequeño conjunto de montañas y cerros que se le cruzaban en su camino. Encontró un poblado dónde tocó a la puerta de una choza y pidió de comer. Le dieron un pedazo de carne a medio podrir, tortillas resecas y un caldo insípido.
Agradeció la comida y pidió un lugar para descansar. Le dijeron que en el establo podría acumular un poco de heno y tirarse a descansar.
Lo hizo. Estaba tan cansado que no se fijó y su espalda quedó embarrada de mierda de caballo.

Al despertar y ver su espalda cafe-verdosa, lavó su camisa contra las piedras de un arroyito que estaba a pocos pasos de la choza. Se la pusó aún humeda, comio un pan que le compró a sus hospedadores y se marchó, no sin antes preguntar que dónde quedaba el mar.
No estás lejos, ves esos montes, después de esos a 2 días de camino está - le dijo la señora.
Gracias seño - y marchó sacudiendo sus huaraches al salir del poblado.

Al caer la noche, estaba al pie de esos montes que le había señalado. Estaba muy cansado por el duro camino, ya que tuvo que caminar entre maleza, bajar a un pequeño valle y de nuevo subir para estar en una planicie y estar por fin dónde estaba ahora.
Prendió un fuego y tomó algunas hierbas que encontró, que sabía que eran comestibles y durmió.

No había pasado mucho rato de haberse quedado dormido, cuando un ruido lo despertó. Había crujido una rama. No veía nada, porque la luz del fuego le opacaba la visión nocturna. Estuvo a la espectativa un rato y nada más se escuchó. Volvió a dormir.
Al pegarle los primeros rayos de sol de la mañana se despertó y fue a levantar sus cosas. Pero no las tendría que levantar. Ya no estaban. Alguien o algo se las había robado.

Furioso, echó tierra a la cenizas que aún estaban medio prendidas y partió monte arriba. Su imprudencia de haber llevado un pan entre las ropas se lo cobró un animal dejando sus ropas tiradas por varios metros, su maleta un poco deshecha y sin pan.
Levantó sus pertenencias y siguió avanzando.

Al llegar al otro lado del monte un cambio muy notorio captó sus sentidos. Ya no se sentía tanto frío, la vegetación había cambiado, sudaba más y olía a flores todo el rato. Llegó a un poblado dónde se dió cuenta que la mayoría de la población era joven y había muchas mujeres. Pidió comida y agua para lavarse, además de preguntar que tan cerca del mar se encontraba. La señora no se había equivocado, le quedaba un día de camino para llegar a él.

Se despidió de nuevo y se marchó con el estómago lleno y un buen sabor de boca por la buena comida que le habían ofrecido. Al irse, dio vuelta sobre sí mismo y comenzó a extrañar ya, ese poblado.
Siguió caminando y en ocasiones trotando para llegar cuanto antes al lugar que quería llegar. Al ir trotando no se fijó en una raiz y tropezó cayendo de faz contra la tierra e hiriéndose una pierna. Una piedra había quedado abajo de él y se había sofocado quedando tirado por más de 20 minutos. Esa dieta y el poco sueño lo estaban acabando, pero pronto vería el mar, ya lo podía sentir en el ambiente, aunque nunca lo había visto.

El tiempo que ganó, lo perdió curándose la herida y poniéndose un emplasto de hierbas, con semillas de mostaza. Tomó una vara larga, se levantó y caminó tranquilamente. Al hacerse de noche, trató de hacer una fogata pero una no anunciada lluvia lo sorprendió. Se cubrió con una gran hoja la herida, para evitar que se humedeciera. Al llegarle la pesadez se quedó dormido contra un tronco muy grueso.

Al despertar, no sirvió de mucho haberse cubierto la herida, estaba completamente mojado. Parecía que había llovido toda la noche y aún lo seguía haciendo. Se paró para continuar su marcha, pero se había desorientado. Siguió caminando temiendo que estuviera volviendo sobre sus pasos.

Al llevar gran rato caminando un ruido interrumpido se escuchaba. La vegetación era más fresca y la tierra era más fina. Se seguía escuchando ese ruido interrumpido, pero muy a lo lejos. Siguió caminando. Al llegar a un punto se dio cuenta que se escuchaban golpes secos de vez en cuando. Se asustó. Podría ser alguien. Al fijarse bien vio que algo cayó a lo lejos. Algo redondo. Caminó lo más rápido que le permitió su pierna para darse cuenta que era una bola dura y pesada. ¿Qué sería? parece un fruto, pero no se puede morder, ni pelar...tiene agua adentro - pensaba y murmuraba, mientras hacia una inspección del sorpresivo fruto.
Al cabo de un rato ya no notaba el ruido interrumpido, pero seguía ahi. Era como una cascada que alguien tapara y se desplomara con un gran sonido.

Siguió caminando y la tierra se hacia más fina. Quedaba una pequeña loma, y de ahi venía el sonido. Claro que la vegetación seguía siendo de esos árboles raros, altos que tenían frutos redondos incomibles. Al subir la loma su impresión fue asombrosa, tenía la boca abierta y tiró la vara que había conseguido. Corrió hacia el mar, sintiendo la frescura, la brisa y el calor de la costa.
Al llegar a la orilla se metió un poco al agua sintiendo cómo el agua mojaba sus cansados y maltratados pies. Se ánimo un poco más y se metió más. Una gran cantidad de agua se apresuró a atropellarlo y él por la emoción no la vio, pero le alcanzó la herida.
Al sentir el agua en la herida dio un grito de dolor y salió huyendo a la tierra, cojeando y sintiendo esa tierra fina, que no mostraba vegetación.

Al tirarse cansado vio a su derecha y observó un conjunto de piedras afiladas. A su izquierda una gran extensión de tierra de la misma y mar, mucho mar, árboles raros y nada más.
Al mirar al frente vio al sol imponente, más grande de lo que lo recordaba.
Se recostó y vio su herida. Tenía un tipo de espumita que aún le ardía, fue cuando lo tocó el agua. Se pusó otro emplasto de hojas que lo tranquilizó un rato.
Al tranquilizarse, recordó su hambre. Era mucha, pero no veía ni de dónde podía agarrar algo de comida. Buscó hierbas, pero muchas no las conocía. Siguió su instinto y comió las que le parecieron menos venenosas. Calmó su hambre y durmió en una sombra.

Al despertar vio algo espantoso. El agua se estaba tragando al sol. A lo lejos, pero pareciera que nada pasara por aquello, al contrario, unos tonos iluminaron el cielo e hicieron del mar un gran espejo. Se quedó rato viendo hasta quedarse profundamente dormido.

A la mañana siguiente despertó por la constante picazón en su pierna. Unos insectos pequeños se le habían montado y estaban trabajando en su pierna. Los quitó todos. El sol no había salido, pensó que realmente el mar se lo había tragado. Sentía un poco de frío y se entristeció al sentir ese clima, porqué pensaba que en aquel lugar no lo sentiría. Su tristeza lo embargó y durmió otro rato.

Una constante luz le pegaba en la cara. Abrió los ojos y esa luz lo cegó momentaneamente. Un rayo de luz le iluminaba la cara y se sentia un calor que lo envolvía todo. Se alegró demasiado, gritó, golpeo la tierra fina, se levantó y corrió por gran rato tratando de agarrar algunas aves para compartir con ellas su felicidad.

Comió más raíces, tomó su vara y volvió sobres sus pasos, con una gran sonrisa y paz en el corazón, hacia el pueblo que lo había visto partir, para convencer a alguien de irse a vivir al mar.

No sé sabe si Mario realmente llegó a su pueblo, algunos dicen que murió en el camino. Otros dicen que vieron a un joven cantando durante mucho rato que amaba el mar. Otros menos que regresó al último pueblo que le había prestado ayuda y se había llevado a una mujer a vivir consigo al mar. Un joven muuuuy feliz, cantaba por los montes acerca del mar, decían chiquillos con los mocos de fuera. Pero una cosa es cierta, su sonrisa nunca desapareció en su cara.



Arriba y adelante!!!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Al despertar vio algo espantoso. El agua se estaba tragando al sol"

la mejor linea. La cual es verdadera, pero nos acostumbramos tanto a verlo, que ya no nos parece extraordinario

Alejandro Vargas dijo...

Si, la costumbre nos va invadiendo y no nos deja ver las maravillas que muchas veces o todas las veces pasan a nuestro alrededor.

gracias por el comentario :)